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• Entrevista: personajes Grupo Cero
(5 de NOVIEMBRE invitada: Amelia Díez Cuesta)

Dra. Menassa: ¿ De qué vamos a hablar hoy, Doctora?.

Dra. Rojas: De sexualidad.

Dra. Menassa:  Ah, ¿pero usted tiene de eso?

Dra. Rojas: ¡Claro!, no ve que le estoy hablando, ¿cómo no voy a tener sexualidad si hablo?.

Dra. Menassa: ¿Entonces la sexualidad no tiene que ver con el pene, con la vagina y esas cosas ?.

Dra. Rojas: También, pero somos humanos, lo pasamos todo por la palabra, esa es la diferencia.

Dra. Menassa:¡Uf ! ¡qué complicado!!

Dra. Rojas: No, ya verán, hemos traído, nuevamente, una superespecialista para  hablar de estos temas. Buenas tardes, Dra. Díez.

Dra. Amelia Díez:  Buenas tardes, Doctoras.

Dra. Rojas: La Dra. Díez es psicoanalista y bióloga.

Dra. Menassa: ¿Nos puede decir si hay alguna diferencia entre la sexualidad humana y las cosas que uno hace con su pareja en la cama o donde se tercie?

Dra. Amelia Díez:  Para poder hacer esa diferencia es necesario distinguir genitalidad y sexualidad. La genitalidad es propio de todas las especies animales pero en la especie animal que habla, la especie humana, la sexualidad es lo que hace obstáculo a la genitalidad, por eso que mientras en las demás especies la genitalidad está al servicio de la reproducción y nunca  falla, en la especie humana no hay encuentro genital sino como encuentro fallido entre dos complejas sexualidades. Él necesita ser deseado para amar, ella necesita ser amada para desear. Todo esto porque la sexualidad humana no es algo natural, es algo que se constituye como inconsciente bajo el orden simbólico de la ley de  Edipo, en las estructuras elementales de parentesco, cuando se va aprendiendo que hay cuatro sexos: padre, madre, hombre y mujer. La no aceptación de cualquiera de ellos se manifiesta como conflicto en las relaciones entre los sexos.

Dra. Rojas: Según esa respuesta podríamos pensar que también los niños tienen sexualidad.

Dra. Amelia Díez:  La sexualidad humana se constituye en dos tiempos separados por una etapa de latencia: la sexualidad infantil y la metamorfosis de la pubertad. Por eso podemos decir que la sexualidad infantil en los niños, es que consideran que todos los seres humanos tienen un sólo sexo: el sexo masculino. Sólo después de la pubertad saben que hay dos sexos. Esta misma sexualidad infantil, en un adulto, produce sintomatología.

Dra. Menassa: ¿ Porqué son tan complejas las relaciones de pareja, ¿tan diferentes somos las mujeres de los hombres?

Dra. Amelia Díez: Se complican cuando dos quieren ser uno, cuando se busca la felicidad única, el orgasmo al unísono, cuando haces lo que te gusta que te hagan, cuando no se acepta que son dos y radicalmente diferentes: él se entrega por ser deseado, entrega hasta sus principios más fundamentales con tal de ser deseado: miénteme, dime que me deseas. Ella se entrega por ser amada, entrega hasta su vida con tal de ser amada: miénteme, dime que me amas ¡Cuántas veces tendrá que decirle un hombre a una mujer que la quiere para que ella consiga la libertad de desear ! ¡Cuántas veces tendría que decirle una mujer a un hombre que le desea para que él consiga la libertad de amar!. Pero ninguno quiere liberar al otro de su esclavitud.

Dra. Rojas: ¿ Y cuál es en su experiencia clínica el trastorno sexual más frecuente?

Dra. Amelia Díez: El padece trastornos del deseo, donde el amor hace obstáculo al deseo. Nos encontramos con impotencias sexuales, hombres que sólo son impotentes con las mujeres que aman, y desean sólo a las que no aman, lo que se denomina:  el “amor a la prostituta”. También encontramos eyaculación precoz, que es una impotencia por sobreexcitación, donde el sujeto que lo padece  se identifican con la idea de que el goce de la mujer es infinito, es decir, por temor al Goce de la mujer.

Ella padece trastornos del amor, el deseo hace obstáculo al amor. La frigidez es más habitual de lo que se cree. Es porque ellas sacrifican su goce como deseantes por amor, para  sentirse amadas. Un goce seguro, el de él, contra un goce temido, el de ella.

Todo esto acontece de manera particular y singular en cada ser humano, según lo que diga cada persona delante de un psicoanalista, pues los síntomas como los sueños no son sino hablados, y sólo un psicoanalista sabe escuchar lo que se expresa de manera inconsciente

Dra. Menassa: Muchas gracias, Dra. Amelia Díez. Esperamos tenerla pronto otra vez con nosotros.