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• Si es
posible el poema, es posible la vida
*(7 de
enero de 2006)
VARIACIONES SOBRE El TIEMPO
(fragmento)
Tiempo:
te has vestido con la piel carcomida del último profeta;
te has gastado la cara hasta la extrema palidez;
te has puesto una corona hecha de espejos rotos y
lluviosos
[jirones,
y salmodias ahora el balbuceo del porvenir con las
[desenterradas melodías de antaño,
mientras vagas en sombras por tu hambriento escorial,
[como los reyes
locos.
No me importan ya nada todos tus desvaríos de fantasma
[inconcluso,
miserable anfitrión.
Puedes roer los huesos de las grandes promesas en sus
[desvencijados catafalcos
o paladear el áspero brebaje que rezuman las
decapitaciones.
Y aún no habrá bastante.
hasta que no devores con tu corte goyesca la molienda
final.
Olga Orozco
*(14 de
enero de 2006)
POEMAS DE SEPTIEMBRE
¿Qué es este cansancio intenso?
¿Qué son estas ganas de vivir en
casi todo?
Rutina infinita del amor-convocante-
sostiene los párpados encandilados.
Estruendo y sometimiento, tus ojos
de láser
penetrando la penumbra,
el sol, la gloria, la eternidad del aire,
colores del fuego en luciérnagas violentas
casquivanas erráticas,
tormenta sin voz,
furia de anémonas en pleno bosque de leche,
luz y artificio nocturno
desplegando el logrado abanico de la locura
instantánea a perpetuidad.
Cadenas de entusiasmo sin memoria,
sin sed, moviendo secuencias
continuas y abiertas.
Estrépito del viento solitario, vértigo en sus
remolinos,
huracanado mar de palabras arrasadas
en plena actividad, sonidos cautivantes, desdibujados,
en lontananza.
Horizonte, clamo por esa vida
indetenible,
por las luces que acarician los sueños,
recóndita quietud engrandecida, áspero resonar de la
belleza.
Risueña y trasnochada chasquea el agua al caer,
estrellas sobre la piel transida, coloreada de amor.
Genuflexión y danza
en la mirada de un volcán en pleno estallido.
II.
Mundos de cartón
desplomándose en las marquesinas de Nueva York,
mandrágora descarnada, árboles de luces congelantes
sosteniendo el soporte de una llama acallada,
en la pasión de los reflejos,
en las aguas oscuras del Ganges,
En el alquitrán y en el petróleo.
III.
Me hundía en los vaivenes.
Imaginaba mis pies como raíces,
Creía en mi cuerpo como un árbol,
cabeza florida y piernas en el fango.
Como tantas veces intenté el salto,
me recibió la luz, me cubrió el aire,
sentí sobre mí los besos del tiempo,
el big-bang ensordecedor de los comienzos
el silencio destruido, la armonía ausente.
Y esta música de los versos,
perenne.
María Chévez
*(21 de
enero de 2006)
TESTIMONIO DEL VIENTO
(fragmento)
Yo no sabía que en mi carne crecen
agudas alambradas y cadalsos,
y que evadido de quemantes bosques
un tigre nuclear ronda mis sueños.
¡Ay de mi arcilla que lograr no puede
la transfiguración de las criaturas!
¡Ay de mis yacimientos metalúrgicos
en gases ponzoñosos convertidos,
porque ya mis paredes interiores
son fosas para un vértigo de espanto!
Si así fuere me arrancaré los ojos
para no ver las llamas homicidas.
Destrozaré el cristal de mis oídos
por las detonaciones alarmados.
Trituraré hasta el polvo mi esqueleto.
Arrasaré el origen de mis razas,
mis naciones de pájaros acústicos,
y me hundiré en el caos y en el Tiempo,
detrás de los telones infinitos,
como tantos cadáveres de estrellas.
¡Ay de mis estaciones temporales
que el suelo caldeador funde y enflora!
¡Ay de mis primaveras delicadas,
que el orozuz perfumador anuncia!
¡Ay del verano productor de almíbares
y del otoño colector de pieles!
¡Ay del invierno que en mis hombros deja
cuarzos de frío y deslumbrante escarcha!
¡Primavera, verano, otoño, invierno!
¡Cuatro heridas que me abre la Hermosura!
Germán
Pardo García
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